Poesía
En los últimos años, Rubén Echagüe ha incursionado, con muy buena acogida por parte del público y la crítica, en el campo de la poesía.
Participó como Colaborador Permanente en la revista literaria “El Centón”, dirigida por Gary Vila Ortiz, donde incluyó sus primeros textos poéticos, y en 2014 la Doctora Graciela Aletta de Sylvas y el Profesor Darío Maiorana (entonces Rector de la Universidad Nacional de Rosario) presentaron en el ECU (Espacio Cultural Universitario) su libro de poemas “La casa en llamas”.
A dicha publicación le siguieron "Fin de la Edad de Oro" (2016), "Paraíso negado" (2018), "CELDA" (2019), "Poemas de la peste" (2020), "EPIGRAMAS" (2021), "La nouvelle de N.N." (2021), "LA CAIDA DE LA TARDE" (2023), "... todo se transforma" (2024) y "Hasta morir" (2024).
"Hasta morir" (2024)
"Hasta morir"
https://www.youtube.com/watch?v=xeBmIrZqYZk
"...todo se transforma" (2024)
Dibujos y textos de Rubén Echagüe
UNR Editora
LA CAÍDA DE LA TARDE (2023)
La nouvelle de N.N.
EPIGRAMAS (2021)
Poemas de la peste (2020)
Poema "EL VIRUS (La elección)"
CELDA (2019)
"Preciosismo de lo más austero" Beatriz Vignoli Diario Página 12
https://www.pagina12.com.ar/244360-preciosismo-de-lo-mas-austero
Presentación del libro CELDA de Rubén Echagüe (Youtube)
https://www.youtube.com/watch?v=a2LSmJc-LV8
Registro sonoro de la presentación del libro "CELDA"
http://www.sonidosderosario.com.ar/audio/presentacion-celda-de-ruben-echague/?fbclid=IwAR3c1zdH4wZ-B8690OW68sf0N7SvET8OA7VlrwTlqXpAYWhpkouNWFzq9IQ
Algunos de sus poemas
SERMÓN I
Oh, monjes, dijo
el Buda:
hoy rondan la casa
la nostalgia de
la carne
(de la carne con
su candente
música),
el deseo sin objeto,
la mirada sin
rostro,
la palabra cansada
de sí misma,
el recuerdo
deshabitado, como
casa que no
puede arrendarse,
la aflicción
y la duda,
la vejez maloliente,
el moho y la
carroña,
y esas angustias
que ningún asceta,
brahmín, deva
o Mara
pueden evitar,
demuestran
la transitoriedad de
todas las cosas…
SERMÓN II
Oh, monjes, dijo
el Bendito:
la Primavera hoy
ronda la casa,
y la trampa
de su juventud,
su alegría contagiosa,
su redoble de
inaudibles campanas,
su sueño
de inmortalidad,
su orgullo
apenas disimulado,
su simple ir
y venir, como
el de un insecto
(cualquier insecto
irresponsable),
y su mano segura
y sin temblor alguno,
han hecho florecer
el viejo jazmín
que dormita
en el patio…
Eso demuestra,
oh, monjes,
la transitoriedad
de todo lo que existe,
y de lo que
no existe también.
SERMÓN III
Oh, monjes, dijo
el Ilustre:
hoy rondan la casa
las fotos
de los muertos,
con feroces sonrisas
y pelucas de lana,
con ojos
de pescado
y voces inaudibles,
con vestidos
floreados y
ademanes pomposos,
de lacayos…
Y de qué manera
esos diálogos
entre cadáveres
han quedado
encerrados en las
fotos, es un enigma
oscuro,
indescifrable…
Eso demuestra
la transitoriedad
de todo
lo que existe,
de lo que no existe,
y de lo que
ni existe
ni deja de existir.
MARIPOSA GRIS
Es gris
y cuando pliega las alas,
apenas si dibuja una línea.
En la frontera
entre dos baldosas,
es poco más que un rastro
de ceniza.
Un rastro vivo de ceniza.
Inútil… perfecta…
plácidamente inexplicable:
nada más que
un latido silencioso…
O una bofetada zen que
por fin lo
aclara todo, y que
disipa todos los misterios.
Una sonrisa…
Paraíso negado (2018)
Algunos de sus poemas
FÁBRICA
Algo falló en el
laboratorio suspendido
en las nubes.
O bien la alarma
sonó a destiempo,
y la magia estalló como
una pompa de jabón,
o la pluma de un buitre
estropeó el elixir
fabricado con rubores
de ángeles, y
moléculas del manto de
la Santísima Virgen.
Lo que debía ser vuelo
perfumado se
transformó en pus,
y la música del arco iris
en horrendo alarido.
En la fábrica
de hombres suspendida
en las nubes,
tengo la sospecha de
que algo falló…
LE ROI
El oropel rodó de
su cabeza,
y se posó -sin ruido-
sobre el piso
de madera gastada.
¡Qué injuria para
la que debió haber sido
una corona de oro,
decorando el marfil
de una frente honorable!
Después llegaron
los eunucos y le
escupieron la cara.
Más tarde fue el turno
de las meretrices,
que meneando ante él
sus culos fofos,
lo cubrieron
de ventosidades.
Cuando comenzó a
sangrar -últimamente le
ocurría con frecuencia-
le imploró a
un dios inexistente:
¡Que los perros no
vengan ahora a
destrozarme los talones,
porque no
tengo a dónde ir!
CENA
Los vientres son abultados y
fofos, de muñecas de trapo…
La ingesta alcohólica
(así diría el periódico)
es desmedida,
y entrelazada (como en una
sucia guirnalda de papel
colgada del techo),
con vagas erudiciones titubeantes
y anécdotas que a nadie
le importan.
Narciso, en calzoncillos,
vacila entre seguir llenando
las copas de los comensales con
su vino extenuado y narcótico,
o degollarlos sin piedad.
LA MAÑANA
¡Qué dolorosa que es
la llegada del alba!
¿Por qué el día tiene que
turbar tan brutalmente
el sueño de seres que
viven disueltos en el aire,
o en la cúpula de hielo
de un barco sumergido?
¿Es preciso remover
el agua fangosa, para
que los titanes revivan
todas sus desdichas
y todas sus traiciones?
La noche acomoda
a los candiles en sus nichos
y a las estrellas en los
suyos, con amorosa
paciencia de madre
enlutada y sin premuras.
El día, en cambio,
acelera el ritmo cardíaco
de las cosas ¿para qué?
¿Para que los girasoles de
Van Gogh mueran de
amor por los pantanos?
Fin de la edad de oro (2016)
El espejo se ha roto,
y sus esquirlas de agua
ensangrientan mis manos.
Su crueldad,
coronada de espinas,
rasgó mi piel marchita
y me labró estigmas venerables.
De mi abierto costado
brota el arco iris,
y las llagas que circundan
mi cabeza,
son una diadema de gloria.
Pero eso no es ningún consuelo:
añoro mi reflejo.
AMIGO, ¿A QUÉ VIENES?
(Mateo, 26:50)
Fue en vano esperar
un gesto de clemencia
antes del alba,
mientras iba del Sanedrín
a Poncio Pilatos.
La noche es infinita,
y mi puño atravesó
sin esfuerzo el vacío
de tu pecho, que es azul
e indiferente como
la noche del desierto.
Amigo, ¿a qué vienes?
¿No confesaste tu amor
con palabra precisa?
¿Con un beso entregas
al Hijo del hombre?
Mi fin ya está cercano
(¿qué fin no lo está?)
y luego todo será
noche y azul, indiferentes,
en el apagado pecho
de un diamante sin límites.
TRIUNFO
Salió el sol.
El mensaje esperado
llegó en tiempo y forma…
Es hora de
mentirse a sí mismo,
creyendo
que la lluvia puede cesar,
que la juventud no fue
un sueño,
y que la confianza del soldado
puede durar toda una tarde.
DERROTA
No hay fuga posible
señores oficiales…
Los arqueros del dolor
y de la muerte,
que son grandes coleópteros
inexistentes,
nos acosan por todos los flancos,
implacables.
No hay fuga posible.
¡Admítanlo de una buena vez!
señores oficiales…
USOS Y COSTUMBRES
Mi nodriza me alimenta todas
las mañanas con siete padrenuestros
y nueve avemarías, salteados
en la grasa de un moro recalcitrante.
Luego me recorta las alas,
que son como de saltamontes
(es decir, de un verde apesadumbrado),
y me suelta para que me entretenga,
en el jardín, entre las crueles
murmuraciones de los geranios.
La casa en llamas (2013)
Algunos de sus poemas
A LA ROSA
Pura, encendida rosa,
Émula de la llama
Que sale con el
día…
Francisco de Rioja
Envuelta en su robe
de tafetán encarnado,
la rosa dispara dardos
de un perfume repugnante
-entre sensual y
necrófilo-
como esperando seducir
a un albañil analfabeto.
No le sienta mal
esta mezcla de prostitución
y cementerio,
de labio embadurnado
con rouge barato y de
cadáver desintegrándose,
podrido, en su ataúd.
La liga de su pierna
erizada de espinas
(como la de un travesti
no afeitado),
es su orla de luto,
su tarjeta de pésame,
su descaro y su fe.
¿Por qué el perfume
que exhala, parece el de un sudario
salpicado de esperma?
Como todas las putas
tiene algo de ángel.
Como todos los ángeles
se revuelca en el cieno,
rezando para que el ultraje
no sea demasiado.
Como todos los muertos
refulge candorosa, insolente,
astuta, desdichada,
y es un canto a la vida.
A UN ROMANO MUERTO
En
vano la fanfarria
lanza bramidos formidables
de paquidermo herido,
mientras las plañideras
afligen con crueldad sus mejillas.
El cuerpo de Lucio Nigidio Crispo
se pudre sobre el indiferente túmulo,
glorioso y tumefacto,
como un pescado bajo el sol.
La corrupción ya inundó
todos los estratos
del mineral yacente,
y dibujó un paisaje petrificado
sobre la vaguedad indescifrable
del rostro…
¡Que los fluidos estancados
no embellezcan tu piel
con violáceos resplandores
de vitalidad fingida!
¡Que la oquedad del cráneo
no medite atroces suplicios
para atormentar a los vivos!
¡Que la púrpura que te cubre
no se endurezca como piedra,
porque sería un mal augurio
para tus descendientes!
¡Que el hedor de tu putrefacción
no marchite los lirios,
las prímulas ni las hortensias!
¡Que ninguna hechicera de Tesalia
profane tu cadáver,
para fabricar con tus vísceras
sus filtros abominables!
Y que la astuta Isis
levante los pliegues del sudario,
y reviva la actividad de tu pene
y la amabilidad de tus mejillas,
aunque sólo sea
para fastidiar a la muerte.
INVIERNO
El Tiempo
(que no existe)
se escurrió con
premura,
como un avaro
entre las sombras.
Cuando se fue
(cuando partió desde
un puerto ruidoso,
en el que los estibadores
intercambiaban entre sí
lenguas bruscas
y extrañas),
con él se extinguieron
todos
los rituales inconfesables:
el de la nuca luminosa
y el de la rodilla palpitante,
el de la sonrisa no dicha,
y el del sueño acariciado
-como si fuera un gato-
con persistencia febril.
Pasó el verano.
En la habitación
sin puertas ni ventanas,
tapiada por el hastío
para que no lo seduzca
con su música
de una sola nota
la Muerte,
flotan (no sé por qué)
el olor fatigado
de una tisana que bebía
a los siete años,
y el dolor de la artrosis
que vaga, indeciso,
sin saber sobre qué mueble
posarse.
EL MUERTO COPULA CON LA MUERTE
La muerte separa
dos fémures como mástiles
con colgajos de
carne momificada,
para recibir
en la oquedad inexistente,
la ofrenda inexistente
del inexistente pene.
El muerto cree oír
el xilofón de Camille Saint-Saëns,
porque el seco
entrechocar de los huesos
se ha convertido para él
en danza melodiosa.
La muerte entorna
entonces
las cuencas de los ojos,
que son como dos grutas
anegadas por el mar azul.
El muerto menea
con destreza
el hueso ilíaco
(el de armoniosas curvas),
y es entonces cuando estalla,
inopinado, el milagro:
el calor revolotea sobre
los balanceos
de la carroña y el hielo.
Dos tetas iluminan
con claridad de aurora
el pecho de la muerte,
que no era más que una lúgubre
jaula deshabitada.
El olor a formol
es ahora un intercambio
de alientos juveniles.
La sangre ha recobrado
su latido,
y el serpenteo silencioso
en las llanuras de la carne
Por fin la esperma
inexistente
riega la aridez inexistente
de la inexistente vulva,
y el éxtasis trastorna
el curso de los astros.
Después todo es silencio.
EL MUERTO COPULA CON LA MUERTE
La muerte separa
dos fémures como mástiles
con colgajos de
carne momificada,
para recibir
en la oquedad inexistente,
la ofrenda inexistente
del inexistente pene.
El muerto cree oír
el xilofón de Camille Saint-Saëns,
porque el seco
entrechocar de los huesos
se ha convertido para él
en danza melodiosa.
La muerte entorna
entonces
las cuencas de los ojos,
que son como dos grutas
anegadas por el mar azul.
El muerto menea
con destreza
el hueso ilíaco
(el de armoniosas curvas),
y es entonces cuando estalla,
inopinado, el milagro:
el calor revolotea sobre
los balanceos
de la carroña y el hielo.
Dos tetas iluminan
con claridad de aurora
el pecho de la muerte,
que no era más que una lúgubre
jaula deshabitada.
El olor a formol
es ahora un intercambio
de alientos juveniles.
La sangre ha recobrado
su latido,
y el serpenteo silencioso
en las llanuras de la carne
Por fin la esperma
inexistente
riega la aridez inexistente
de la inexistente vulva,
y el éxtasis trastorna
el curso de los astros.
Después todo es silencio.
































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